Adicta a Draco Malfoy

Como una Droga

Deverdad que no sé cuando empezó. Yo soy una chica a la que le gustanlas cosas comunes y que, a pesar de que todos piensen que soydiferente, soy más normal de lo que aparento. Ser la bruja máslista de toda mi generación de Hogwarts dejó algo bueno: Un buenpuesto en el hospital San Mungo de Heridas mágicas. DirectoraGeneral. Bueno, es que la verdad que empecé siendo una medimaga,pero ahora, a mis 22 años, ya soy la Directora General. Ron estáorgulloso de mí, Harry también, y yo, bueno, yo lo estaríatambién, si no es que fuera porque tengo que lidiar con el jefe delDepartamento mágico de Enfermedades mágicas del ministerio demagia. Y no es que no me agrade el departamento, lo que no me agradaes el jefe: Draco Malfoy. Y quizá por eso soy más normal de lo quela gente piensa, porque yo, no sé cuando pasó ni cómo, pero me heenamorado perdidamente de Draco Malfoy. Y eso es lo malo de tener quetrabajar en conjunto. Antes podría observarlo de lejos y me sentíafeliz, cuando él iba a visitar al antiguo Director General: PeterTaylor, pero ahora, ahora será diferente, es por eso que cuando digoque soy más normal de lo que la gente piensa, es porque es verdad.

Hace unaño que soy la directora general, y una vez por semana, me vuelvoloca. Hoy, viernes, es ése día. Camino por los pasillos lentamentehasta mi oficina. Me detengo y suspiro antes de abrir la puerta. Entré y como lo imaginé, ahí estaba el, mi tortura. Se volvió averme con sus ojos grises, que sin que lo sepan me derriten. Caminohacia mi escritorio y me siento en mi silla.

-Penséque nunca ibas a llegar, Granger – me dice

Suvoz melodiosa llega a mis oídos aunque su voz suena un poco irónica.Me sobo las sienes un poco y cierro los ojos. Tomo aire y luegopienso en mis palabras. No me tomó más de una fracción de segundoen saber lo que le iba a responder, abriendo mis ojos.

-Soyuna mujer ocupada, Malfoy.

Como losospeché. Malfoy no se iba a quedar con la duda, de lo que mepasaba, y, como cada viernes de cada semana, haría exactamente lamisma pregunta que formulaba y a la que yo no respondíasinceramente.

-Ocupada,¿eh? Directora General. Nunca me imaginé que llegaras a este puestotan pronto – dijo. ¡Vamos Malfoy! No hagas la tortura más larga.¡Pregunta ya lo que preguntas cada viernes! – Si bien estasocupada, ¿es que acaso alguien está en tus pensamientos? – mequedé helada.

Nuncapreguntaba eso. Siempre me preguntaba “¿Y se puede saber que tetiene tan ocupada?” y yo siempre le contestaba “Algo que a ti note interesa” porque la verdad que no le iba a decir que él eratodo lo que me pasaba. Pero ésta vez, no me lo pregunto. Formulóuna pregunta que no me esperaba. Supongo que puse una carasorprendida porque él se rió y fuerte. Luego pasó su blanca manopor su hermoso pelo platinado que ahora ya no tenía con gel, sinomás bien un poco rebelde, pero de una forma que se veíaextremadamente sexy. Y eso no solo lo hacía en ese día. Lo hacíasiempre que nos veíamos.

-Pareceque sí – dijo terminando de recorrer su cabellera con su mano, yluego tomando una posición elegante, y, de nuevo, sexy.

Suspiré.Esto no debería estar pasando. Si Malfoy se quedaba un segundo másen esa habitación juro que me levantaría, lo besaría en su boca,su cuello y… haría algo más que solo besarlo.

-Malfoy– respondí con la voz más calmada que pude – ésta es la listade la medicina que necesitamos en el hospital – tomé una carpeta yme levanté rodeando mi escritorio para llegar a su lado. Se latendí, y él la tomó. Mi mano rozó con la suya y fue una suerteque mi bata fuera de manga larga porque si no, hubiera notado mi pielchinita del puro contacto.

-Lonecesito para el lunes. ¿A qué hora llega el cargamento?

-Yo tehablaré después a tu casa, para decirte la hora.

Genial.Otra vez como siempre. No me apetecía ver de nuevo su cabeza en michimenea. Me impacienté. Respondí que estaba bien y luego, me fui ami silla de nuevo. Comencé a hojear unos papeles y los “leía”rápidamente. Pero la verdad era que estaba atenta escuchando cadamovimiento de Draco Malfoy. Escuché sus pasos alejarse y salir porla puerta. Levante mi rostro y, tal como imaginé, se había ido.Tenía coraje conmigo misma. ¿Cómo es que me pasaba esto a mí? Laslágrimas se hicieron presentes por coraje. Tenía ganas inmensas degritar. Cerré mis puños lo más fuerte que pude y comencé a pensarpor la siguiente hora.

¿Quéera lo que pensaba Draco Malfoy? ¿Acaso es que él ya se había dadocuenta de que me tenía loca por él? A veces yo veía insinuacionesde su parte, ¿o era mi mera imaginación? No podía aguantarlo ni unminuto más.

Melevanté de mi asiento, salí y llegue hasta las chimeneas de larecepción. La recepcionista me observó extrañada, puesto que nuncaiba para allá, a no ser de algo urgente.

Yotenía mucho trabajo. Pero ya no aguantaba más. Necesitaba irme deLondres lo más rápido que pudiera.

Meadentré en la chimenea, y, cuando menos acordé, ya estaba en laoficina del ministro. El ministro que era nada más y nada menos quemi amigo Harry Potter. Lavender me vio a lo lejos y saludó. Dijo queesperara un momento porque Harry estaba ocupado, pero que en cuantosaliera el señor John Gray, me recibiría. Harry siempre tenía uncampito para ver a su amiga, por mas ocupada que estuviera su agenda.

-¿Quieresque le hable a Ron? – me preguntó Lavender con voz preocupada. Yoasentí con la cabeza y, unos minutos más tarde Ron estaba ahí.

Ron sesentó a mi lado con cara preocupada mientras yo tenía la cara másnormal que podía. Claro que no debí de haber estado haciendo unbuen trabajo porque Ron tenía una cara de desesperación que…

Lapuerta de la oficina de Harry se abrió. Me levanté y Ron me siguióhacia adentro. Me senté en un sofá de la amplia oficina de Harryque, cuando me vio, se acerco.

Harryse sentó delante de mí. Ron a mi derecha. Y yo, sin poderlo evitarmás comencé a llorar. Estaba desesperada, y ellos dos nopreguntaron que me sucedían, porque, ya sabían que no era elmomento para preguntarme algo. Simplemente me abrazaron y yo. Toméuna decisión, no sé si fue precipitado o no, pero simplemente dije:

-Harry,quiero que me transfieran

Harryse quedó pasmado al escucharlo. Y ron se hubiera caído, de no estarsentado.

-Pero…¿A dónde? ¿Por qué? – me preguntó sorprendido Harry.

-Adonde sea.

-Harryse lo pensó. Se levantó y fue a su escritorio. Buscó unos papelespero no encontró nada, así que salió.

Metranquilicé. Ron no preguntó nada, simplemente se me quedo viendo.

-¿Porqué, Hermione?

-Tengomuchas cosas en qué pensar, y estando en San Mungo, no tengo muchotiempo – respondí a Ron

Bueno,no había dicho nada de mentiras, yo quería pensar y alejarme deDraco Malfoy, y estando en San Mungo, no había mucho tiempo, ademásde que no me ayuda en nada verlo a él.

Momentosdespués entró Harry. Se sentó y me dijo:

-Hayuna vacante de medimaga en Manchester, es lo único que Malfoy tieneen toda Inglaterra.

Malfoy.De nuevo su nombre. Pero yo sabía que en esa región, Parvati era laencargada. Así que, sin pensarlo 2 veces dije que sí.

-Lostrámites no serán tan largos. El lunes podrás trabajar ahí.

Lopensé un poco y dije:

-¿Puedoquedarme hasta el viernes en San Mungo?

Harryse sorprendió, pero enseguida asintió con la cabeza. Es que laverdad había algo que yo quería hacer.

Lasemana siguiente se me pasó rápido. Cuando acordé, era viernes denuevo. Eran las 9 de la mañana, tenía 2 horas antes de que Malfoyllegara. Tomé una hoja y comencé a escribir.

Malfoy:

Hayunas cuantas cosas que te quiero decir.

No.Ese comienzo no estaba bien. Rompí la hoja y tomé otra.

Malfoy:

¿Quédecirle? Ahora no me venía nada a la mente. Después de unosmomentos bastante largos comencé a escribirle. Cuando terminé lacarta, la leí para mis adentros.

Malfoy.

Graciaspor molestarme. No sé qué hubiera hecho de mi vida si tú nuncahubieras estado en ella. Tal vez me hubiera aburrido demasiado. No sécómo ha pasado, pero es que necesito decírtelo, Me atraes. Megustas, Te amo.

Unpoco loco, ¿no crees? De todas maneras, yo creo que no nos vamos aver nunca más. Además, de que siendo como eres, nunca me vas acontestar.

Tedeseo toda la felicidad del mundo.

GRACIAS.

HermioneGranger.

Observéel reloj. 10 para las once. Ya casi llega la hora en que él cruzaríala puerta. Yo no quiero estar ahí para verle. Tomé un sobre quetenía ahí y metí mi carta, declaración, despedida dentro de ella,y lo cerré. Escribí Draco Malfoy al frente y lo dejé arriba en elescritorio, en un lugar visible.

Salícon mis cosas y me despedí de todos. Me fui a mi casa.

Ellunes en la mañana, yo estaba feliz por haber cambiado de hospital,y comencé mis actividades como siempre. La mañana estaba muy normalhasta que tocaron en mi consultorio.

Parvatiestaba ahí. Entró y se sentó.

-Hermione– me dijo – te tengo un recado de Malfoy.

Mequedé pasmada. ¿Un recado de Malfoy?

-Medijo que, si te veía, te dijera que te va a contestar lo queescribiste.

-¡Ah!Si… Bueno, Gracias por el recado. – dije lo más normal que pude

-sino es mucha molestia, Hermione, ¿Qué le escribiste?

-Nada,Parvati – yo no iba a decirle nada a ella, sabiendo lo chismosa quees – es algo tonto.

Parvatise quedó callada y con una cara de curiosidad. Se despidió y sefue.

Todoesto me pasó en octubre del año pasado. El 1 de octubre me mandódecir que me iba a contestar. Hoy 3 de Mayo, yo aquí estoy, en miconsultorio, y aún no recibo contestación. ¿Pero qué más da? Yosé que nunca la voy a recibir. Tengo unas enormes ganas de verlo.Pero… No quiero enfrentarme a él. No sé donde quedó loGryffindor en mí, pero así son las cosas. Y así mis sentimientos.Porque para mí, Draco Malfoy es una Droga de la cual quieroalejarme. Una Droga muy fuerte, que poco a poco me mata

cosas no dichas.......

Unsaid Things

Se frotó los antebrazoscon vehemencia, sintiendo cómo el frío traspasaba con facilidad suchaqueta. Miró su reloj de pulsera, a pesar de que sólo habían pasadocinco minutos desde la última vez. Siguió frotando sus brazos, en buscade calor. ¿Quién se iba a imaginar que haría tanto frío durante lasnoches en plena primavera? Aunque podía ser que el lago tuviera algoque ver. Suspiró, en ese caso era su culpa; ella había impuesto ellugar en el que se reunirían.

Hablando francamente, el lago notenía mucha importancia en el tema, simplemente era que a ella leencantaba el paisaje que formaba el lago durante la noche. Al verlosentía que cualquier cosa era posible.

—No va a venir —dijo con pesimismo. Volvió a mirar el reloj, era casi medianoche.

Segiró, de espaldas al lago, dispuesta a regresar a la torre deGryffindor, pero fue ahí cuando notó que una figura alta se aproximabahacia ella. Observó cómo aquella persona se llevaba una mano a lacabeza y se revolvía el cabello. Y ella no pudo evitar que una sonrisase escapara de sus labios, porque aquél gesto la volvía loca, y almismo tiempo la hacía sentirse pésimamente.

—Evans —fue lo que dijo James al llegar junto a ella.

—Potter —lo imitó ella, sintiéndose estúpida.

—Bien, heme aquí —extendió los brazos hacia los lados, como si no hubiera quedado demasiado claro.

—Puedo verlo —comentó ella demasiado mordazmente. El joven suspiró.

—Mira,fuiste tú la que me pidió que viniera —replicó con algo de fastidio enla voz—, así que dime lo que sea que vayas a decirme.

Estandoahí, con James Potter frente a ella, ya no se sentía tan capaz dehacerlo. Y es que lo que Lily iba a decirle era que dejara de hacerlasufrir. Porque al regresar de las vacaciones de verano, él habíacambiado, y en realidad lo que ella había deseado los pasado años eraque el chico cambiara. Y lo hizo, pero sólo con ella. Seguíacomportándose como un gamberro, seguía teniendo citas regularmente–talvez menos que otros años, pero aún así las tenía-, seguía siendotan terriblemente atractivo. Lo notable era que ahora, en vez deacosarla como siempre, simplemente pasaba de ella. Cruzaba las palabrasmínimas y necesarias con ella, y cuando lo hacía se comportaba muchomás serio que con otras personas. Lily tuvo la ridícula idea de que esolo hacía ver más maduro.

Al principio a la pelirroja no lemolestó, de hecho, se alegró al ver que todas sus negativas habían dadopor fin resultado. Pero pasados algunos meses se dio cuenta de queahora era ella la que estaba al pendiente de él. Muchas veces tenía laesperanza de que James le volvería a pedir una cita, y eso la hacíasentirse una tonta.

—¿Y bien? —se impacientó el animago.

La pelirroja suspiró.

—Eh…bueno, te pedí que vinieras… porque… —no se sentía capaz de decirlo.Empezó a parpadear más de lo normal, en un gesto de nerviosismo— Quieroque te alejes —dijo al fin.

James pareció sentirse ofendido.

—¿Me has pedido que viniera aquí, a esta hora, para pedirme que me aleje de ti?

Hubo un silencio, prolongado por los lejanos sonidos que salían del Bosque Prohibido. Lily negó levemente con la cabeza.

—No…sí, en realidad sí —la chica se atrevió a mirar al joven, que semostraba completamente estupefacto—. Me refiero a que… quiero que pares.

—¿A qué se supone que te estás refiriendo? —cuestionó.

—Quiero que pares —repitió con firmeza la pelirroja—. Quiero que dejes ésto.

—Evans, no tengo idea de qué estás hablando —se dio media vuelta, dispuesto a volver al castillo.

—Espera—dijo ella en un susurro casi inaudible, pero James se detuvo—, es que…—pensar en ello le dolía mucho y hacía que se le anegaran los ojos enlágrimas, pero se contuvo—… yo…

—Mira, Evans, si no quieres que me largue habla ya —dijo dando un par de pasos hacia el castillo.

—¡Melastimas! —admitió al fin la pelirroja— Es obvio que has cambiado desdeel curso pasado a éste, has madurado. Eres exactamente lo que yo queríaque fueras, y en realidad no entiendo porqué me molesta tanto, ¡pero esasí! —suspiró, y empezó a sentir el sufrimiento habitual —. Me molestaporque el hecho de que cambiaras hizo que yo cambiara —dijo, sacandosus pensamientos a flote—. Haces que sienta tantas cosas a la vez,Potter, que no puedo soportarlo. La mayoría del tiempo siento como siun dolor me consumiera.

James se acercó a ella un poco, y esto hizo que a Lily le fuera más difícil controlar las lágrimas que peleaban por salir.

—Evans…

—Cállate—le ordenó—. Quiero que pares, Potter. Detén lo que sea que estéshaciendo, quiero que dejes de lastimarme —dijo intentando sonar firme.

Eljoven se acercó un poco más, extendió un brazo hacia ella. La chica seencogió, temiendo que si él la tocaba, su barrera se derrumbaría yharía que todas las lágrimas y sentimientos se escaparan.

Jamessentía un extraño nudo en la garganta, y es que de a poco empezaba acomprender. Desapareció la distancia que había entre ellos, y tomó aLily por el brazo.

—No —la chica intentó soltarse, sintiendo que el dolor la embargaba—, para ya —le ordenó—. Sólo… deja de lastimarme.

—Lily —dijo entonces James, y la barrera se derrumbó. Las lágrimas empezaron a resbalar por las mejillas de la pelirroja.

El animago sintió cómo el nudo se apretaba un poco más. Lily estaba llorando… por él.

—Aléjate —repetía una y otra vez—, déjame. No me lastimes más —estaba confundida.

Lacercanía del joven la hacía sentirme peor. Porque, aunque no queríaaceptarlo, el cambio que tuvo había hecho que ella se enamorara de él.Y le lastimaba saber que, junto con su inmadurez, la había desechado aella también.

—Déjate de tonterías —dijo James en tono serio. Y, temiendo que ella lo rechazara, se atrevió a abrazarla.

Lilyse dejó hacer, notando que el que James la abrazara la reconfortaba, deuna extraña manera. Siguió llorando entre los brazos del joven, dejandosalir cada emoción reprimida.

—Ya, Lily, tranquilízate —murmuró él mientras frotaba con suavidad la cabeza de la chica.

—Soy una estúpida —reprochó la pelirroja con voz algo ronca—. He quedado en ridículo y al final no dije nada.

—Mírame—dijo él. Lily levantó la cabeza, clavando sus hinchados y húmedos ojossobre los de él—. Créeme cuando te digo que has dicho muchas cosas.

Acercósu cabeza un poco más a la de ella, haciendo que sus labios rozaran.Lily se puso de puntillas, atrapando los labios de James entre lossuyos.

James la trajo más hacia sí, halándola de la cintura.Profundizó el beso, queriendo hacerle entender a Lily que no la habíaolvidado, que seguía tan enamorado como el primer día. Y, a la vez,pidiéndole perdón por haberla hecho sufrir.

Lily tuvo la absurdaidea de que todo lo que había sufrido las últimas semanas estaba siendoahora recompensado, con un simple, pero muy gratificante beso.

Perode pronto no le importó haber sufrido ni haber pensado que había sidodesechada… lo único que le importaba era que estaba entre los brazosdel hombre al que amaba. Y que siempre lo estaría, hasta el último día.

Que puedo hacer???

WhatCan I do-----------------------------------------------

Era tododiferente este nuevo año. El ambiente, los amigos, los enemigos, lasdiferencias, los profesores, las actitudes, todo, absolutamente todoera diferente ahora que los horrores se habían terminado. Solohabían pasado tres meses desde ese día, pero al parecer el ánimopara que todo se olvidara era tan fuerte, que todo el mundo seencontraba dispuesto a olvidar ciertas situaciones y así podercomenzar una nueva vida, sin trancas que acabaran con esa paz quetanto les había costado conseguir.

El cambio habíasido tan rápido que a veces temía que así como todo estaba entranquilidad, volviera a ser lo que un día había sido lacaracterización el caos completo.

El día en quemis padres decidieron cambiarse de bando, fue el día en queverdaderamente le agradecí que lo hubieran hecho. Miles de veces leshabía dicho lo que pensaba de ese maldito cobarde, desde el día enque mi di cuenta de lo que estaba pasando y de lo que estabacomenzando a sentir.

Lo que Potter fue capaz de hacer, hasido la única cosa de la que realmente estoy agradecido y no sé sialgún día podré ser capaz de decírselo a la cara

Dumbledore fueuna de las primeras personas que confió en mí,dándome el cargo de prefecto. Fue ahí donde comencé a hacerverdaderos amigos, dejando a un lado a los gorilas que seguían aVoldemort, a Zabini que se había convertido en un sádico y a lashermanitas Greengras que ya no soportaba. Y había encontrado amigosde verdad, Pansy se había convertido en una verdadera compañía eldía en que me di cuenta de que podía confiar en ella y le conté loque estaba comenzando a sentir y luego estaba Theo que se habíaconvertido en un amigo tan personal que no hacía falta contarle misproblemas, pues tan solo con una mirada él sabía a la perfecciónlo que ocurría.

Habíamos pasadodel sobrevivir, al vivir, ya solo quedaban en Hogwarts aquellaspersonasque les interesaba continuar con una vida sin conflictos y sin esetemor de no poder salir a la calle con total tranquilidad solo apasear y disfrutar del aire libre.

Salí del comedory me dirigí a mi reunión. No era una reunión formal como aquellasque organizaba la profesora McGonagall,sino que era una pequeña reunión de tres personas que se juntabantodas las semanas y comentaban sobre las cosas que habían pasadodurante la semana.

Subí con minatural calma que me delataba a cualquier parte que fuera, a la torrede astronomía, era nuestro lugar favorito nadie se dirigía a eselugar,excepto ella, la que solo iba todos los martes en la noche de cadasemana sin faltar nunca, se sentaba por dos horas en la ventana másgrande del lugar y solo suspiraba. No hablaba, no cantaba, nolloraba, no daba muestras alguna de lo que en esos momentos estabasintiendo, para poder saber que pensaba.

Iba doblando elpasillo que me mostraría las escaleras hacia la torre, cuando mechoqué con ella. Los cuadernos y libros que traía en sus manossalieron disparados por el suelo y ella cayó en mis brazos.

- Hola Granger –la saludé cuandolevantó la vista y notó que estaba sobre mí, su rostro se sonrojóal instante, pero no se levantaba- ¿Estás bien?

- Sí… yo… bien… quiero decirque sí, estoy bien, siento haber caído sobre ti –dijo esta vezponiéndose de pie y comenzando a recoger sus cosas.

- Mejor sobre mí, que en el suelo,no hubiera sido muy cómodo caer en el suelo –le ayudé a recogersus cosas, mientras ella las colocaba dentro de su bolso.

- Definitivamenteeres más cómodo que el suelo –dijo haciendo que mis manos sedetuvieran justo en el momento en que le tendía un libro que luegocayó al suelo- digo… bueno… se me hace tarde ya debo irme.

¿Qué habíasido eso? Niidea, pero de que me había gustado, no había duda. Llegué casi enlas nubes a mi reunión con los chicos.

- Por la expresión de tu cara puedoasumir muchas cosas –me dio Pansy al verme entrar- pero la másprobable es que te encontraste con tu ángel caído del cielo.

- Bingo -dijesentándome junto a ellos- y esta vez fue genial calló sobre mí enel pasillo –al ver el rostro de ambos, me dediqué a contarles conlujo y detalles lo que había pasado.

- Así que tupecho es cómodo ¿no? –comentó al final Pansy.

- ¿Y cómo van tus noches? –cambióde tema Theo, pasando al tema que les había comentado hace días.

-Nohe podido dormir en estos días–les conté recostándome en el sillón apoyando mi cabeza en elregazo de Pansy- Siempre son los mismos sueños, ella siendo atacaday yo sin poder hacer nada –les volví a explicar mientras mi amigaacariciaba mi cabello tratando que me relajara.

- Es solo que eso me parece tanextraño, es decir, estamos todos en paz y ya nadie está con losánimos de ser atacantes de nadie, ni Weasley es desagradable connosotros –comentó Theo.

- Tal vez sonsolo señales que te dicen que de una vez por todas le digas aHermione que estás enamorado de ella, los sueños hay que saberinterpretarlos y puede que no sea un ataque lo que ocurrirá sino queella se aburrirá de esperarte –dijo Pansy como si fuera lo másnormal del mundo.

- Como si fuera tan fácil –lancéun suspiro de frustración- y porque no me das el ejemplo tú y ledices a Weasley que estás enamorado de él.

- Yo creo que mejor lo hace Theoprimero –Pansy tratando de salir de la situación le pasó elsombrero a Theo.

- Yo ya lo hice –dio él de lo mástranquilo.

- ¡¿Qué?!–Pansy y yo en ese momento entramos en shock, no podíamos creer loque estábamos escuchando, en ese momento me senté para podermirarlo mejor.

- Pues ayer me encontré con Luna,le dije que me gustaba y que si quería ser mi novia y dijo deinmediato que bueno y eso ya somos novios

Después deaquello noticia, a los tres nos vino un ataque de risa que nosmantuvo ocupados por varios minutos, hasta que ya se hizo muy tarde yla hora de irsehabía llegado.

- Bien,hoy es el día Draco, ahora o nunca, sé que puedes amigo –Theogolpeó ligeramente mi hombro y salió bajando las escaleras, seguidode Pansy, luego de abrazarme y besarme la mejilla.

Después deverlos bajar las escaleras y de un largo y profundo suspiro seguísubiendo los escalones de la torre de astronomía, como cada martes.Ella aún no había llegado cuando me ubiqué en la ventana, quehabía sido mi morada durante todas aquellas noches.

Me senté en el borde de la ventana,apoyé mi cabeza en el frío borde de cemento y me dispuse a esperar.Pero la espera no se hizo.

- Si sigueshaciendo esto cada martes, terminarás enfermándote de una pulmonía–la suave voz que cada día provocaba que soñara despierto seescuchó detrás de mí. Con cierto temor me volteé y descubrí queefectivamente se encontraba detrás de mío, observándome con unagran sonrisa.

- Heestado aquí muchas vecesy nunca me ha pasado nada –le comenté colocándome de pie ymirándola fijamente- no estaba enterado que sabías que venía aquípor las noches.

- Hay muchascosas de las cuales no estás enterado –lanzó un suspiro y comenzóa acercarse a mí con la vista pegada en el suelo- como que cadamartes te juntas con tus amigos en una de las salas de la torre, quecada vez que esa reunión acaba, te vienes acá a esperar a que yollegué, te quedas hasta unos minutos después que yo me retiro y quecada martes que ocurre esto hay algo en mi interior que lucha porquerer hacer lo que hoy me atreví a hacer –ya estaba frente a míy con una tímida sonrisa levantó la vista y me miró.

- ¿Qué te hizo cambiar de decisióny hacerlo esta vez? –le pregunté completamente choqueado.

- Sinceramente no lo sé, todo loque ocurrió este último tiempo ha hecho que en mi corazón se habráuna brecha y que solo se cerrará si la situación entre nosotros,todos nosotros cambia.

- ¡Ha! Todos nosotros, te refieresa Potter, Weasley, tú y nosotros ¿no es así? –ella asintió.

- Al perecer las cosas si hancambiado, pues Luna y Theo son novios –le comenté y al parecer nolo sabía pues la expresión de sorpresa en su rostro erainigualable.

- ¿Lo dices enserio? –comenzó a caminar hacia donde siempre se ubicaba cuandovenía a este lugar, yo la seguí y me ubiqué a su lado.

- Sí, al parecer hay muchas cosasque no sabemos unos de los otros y hay mucho que averiguar –yhabían demasiadas cosas que yo quería conocer de ella.

- ¿Te agradaría que estocontinuara? –me preguntó ella de repente luego de un extendidosilencio.

- ¿Qué continuara qué? –la miréconfundido, sin entender, aunque con una ligera idea de lo que serefería.

- Esto, esteencuentro, empezar a conocernos nosotros primero y así luego hacerlocon nuestros amigos, sé que con Harry y Ron será un poco máscomplicado entablar un tipo de conversación que conmigo –unaligera sonrisa se alojó en su bello rostro cuando me dijo eso.

- Sería unaagradable y “cómoda” idea –dije recargando la palabra cómodaal recordar nuestro choqué en el pasillo unas pocas horas antes, elsonrojo, que desde ese día se convirtió en mi perdición, aparecióen su rostro- ¿Por casualidad sabes si Weasley tiene novia o algunachica en mente? –le pregunté tratando de cambiar de tema para queya no se sintiera tan incómoda y para sacarle información para miamiga.

- Mmm es una pregunta extraña, perono preguntaré el porqué, sé que tiene una chica en mente, pero notiene novia.

- Pansy, estáenamorada de él y no se atreve a decírselo –le dije simplementealzando los hombros.

- ¿Pansy? Vayaesto es genial, aunque no deberías decírmelo,es tu amiga debes guardar ese secreto, para nosotras eso es muyimportante, pero ya que lo hiciste te diré que Ron también estáenamorado de Pansy.

Y así despuésde esa declaración, seguimos conversando hasta bien entrada lanoche, de cosas tan triviales y otras realmente importantes que nuncacreí que conversaría precisamente con ella.

- Era todo lo queimportaba, mi padre me había criado así, queriendo siempre tenermás que lo demás, con la idea de que las demás personas eraninferiores a mí, dañé a muchas personas,incluyéndote –no quise mirar su expresión, pues sabía que era dedolor- y luego vino el poder, algo tan absorbente, que me cegaba yjusto cuando lo conseguí, lo dejé ir,abrí los ojos y me di cuenta de las idioteces que estaba haciendo, ygracias a quien sea que está arriba mirándonos, mis padres tambiénlo entendieron, yquién sabe si eso me hizo sentir mejor, peroestoy seguro que así fue.

- Gracias –me dijo cuando terminéde hablar- por confiar en mí.

Las charlas cadamartes se convirtieron en algo adictivo, me desesperaba cuando notabaque recién era miércoles y faltaban eternas horas para volver anuestros encuentros. En clases solo eran disimuladas miradas que eranalgo especiales, solo nosotros sabíamos lo que significaban, peropara mí eran mucho más.

A vecesdiscutíamosy hacían que mi corazón quisiera romperse en miles de pedazos, quevolvían a reunirse con cada encuentro, en eternos minutos esperandoa que llegaras. Y fue en una de esas esperas en que lo decidí. Ya nopodía esperar más, quería que solo fueras mía, ni de Potter, nide Weasley que ya aunque se encontraba con Pansy, ni de nadie, solomía.

No iba a negar que por primera vezen toda mi vida estaba nervioso, mis manos sudaban y mi corazónlatía a una velocidad que jamás pensé podría llegar a alcanzar.Cuando llegaste, y estaba de pie esperándote, no dejé que hablaras,pues si esperaba que lo hicieras podrías, podrías impedir lo quequería hacer.

- Hansido tan largas nuestras pláticasy cada martes lucho por contenerme –me fui acercando sin apartar mimirada de ella- he cambiado muchas cosas en mi vida yes solo que no sé lo que estoy haciendo mal, nuncahabía sentido esto por nadie y no sé cómo enfrentar esto, ni cómoactuar, son sentimientos tan desconocidos que en un principio temíde ellos. ¿Quépuedo hacer para que lo notes?, ¿Qué puedo decir para que sientasesto?

Ella solo me miraba en silencio y encierto modo lo agradecía, pues con un solo comentario de ella podríahacer que me detuviera en ese instante.

- Notengo esperanzas,así que no sé qué pensar, perosi no lo intento,sé que me arrepentiría toda mi vida y aún me queda mucho porvivir, como para lamentarlo para siempre –su rostro sin expresióncomenzaba a preocuparme, pero no lo suficiente para hacer que medetuviera.

- Draco –dijo en un susurro, perono la dejé continuar.

- Quiero quenuestra relación cambie, sinmás dolorosas discusiones,que me dolían más de lo que algún pude llegar a imaginar –toméuna de sus manos y la puse en mi corazón- Tengosolamente lo que puedes tomar, asíque solo espero que me digas quees lo que puedo hacer para que te quedes a mi lado, sin más espera,ni más intentos –ahoralas monedas estaban lanzadas, solo me quedaba esperar a que ladocaerían y aceptar los resultados.

Me acerqué aun más a ella si eraposible y la rodeé con mis brazos. Era cálida y suave y me dicuenta que no podría jamar seguir viviendo si no era a su lado. Ellano se alejó en ningún momento de mi abrazo y yo estabacompletamente feliz como hace muchos años no había estado.

- Solo me quedapedir queme digas que tengo que hacer para que me ames y quizás sea gracioso,pero estoy tranquilo –ydespués de un largo suspiro- yya no me queda más por decir.

Ella apoyo su cabeza en mi pecho yme rodeó con sus brazos, era definitivo, la amaba.

- No tienes que hacer nada Draco,pues ya lo has hecho todo, solo te pido una cosa, y es tan simple queya lo haces, solo quiero que me ames, así como yo te amo, queolvidemos todo lo que alguna vez nos hizo daño –levantó su rostroy lo acercó a mí.

- Permíteme ser yo quien beseprimero –ella sonrió y asintió en silencio.

Tomé su rostroentre mis brazos y junté mis labios con los de ella, formando unbesó del cual duraría para siempre y esta vez por primera vez en mivida, estaba completamente seguro de eso.

Puntos d vizta

un fict dsd el POV d los trs marauders... sip tres... la rata traidora nunk xsistio!!!!

PUNTOS DE VISTA......................

POV DE SIRIUS

Se permite un descanso. Alza la mirada del ese viejo libro. Suficientes hechizos nuevos por el momento.

La busca entre la multitud. No es difícil hallarla.

Le mira con añoranza y detalle.

Surostro está contraído en una risa blanca y sincera. Entonces mira susojos y se pierde en ellos: tormentoso verde, color que les obligó asepararse.

Ella cambia su expresión risueña a seria, rápidamente.Sus amigas siguen hablando; ella pierde el hilo, concentrándose en unpunto inexistente en el horizonte.

Se pregunta en que piensa. Se pregunta si piensa en él.

Niega con la cabeza y vuelve a su lectura.

El libro huele pergamino.

Lily también huele a pergamino. A secreto olvidado en páginas de decepción.


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POV DE REMUS

Se sientan juntos en la biblioteca, como casi siempre.

Ellaestudia. Él a veces finge que estudia. En realidad, le gusta verla,desearla en secreto. Le gusta la manera en que sonríe, en la que habla;la forma en que ve al mundo. Su forma de verlo a él.

Ella seconcentra en las letras; él, en sus facciones: sus labios se muevenacompasados, repasando las palabras; frunce el ceño y sus pestañas semueven casi imperceptiblemente.

Tiene que encontrar otra distracción.

Saca una tableta de chocolate y se la ofrece.

Ella la acepta, la muerde con cuidado y la saborea a gusto, relamiendo sus labios.

¿Sus boca sabrá a chocolate?, ¿O a ese dulce aroma de frutillas que emana de sus labios, cuando hablan en susurros?

No lo sabe; y nunca lo sabrá.


-.-.-.-.-.-

POV DE JAMS

Ahí está de nuevo, frente a él.

Provocándolo, sin enterarse.

Legusta toda de ella: desde las raíces pelirrojas, hasta la punta de lospies. Sin olvidar todas y cada una de las curvas que confeccionan sufigura.

La conoce a detalle, en secreto: sabe que le ocurrecuando está seria; sabe que significa un pestañeo a mitad de la clase;le parece que el esmeralda de sus ojos es más intenso cuando estátriste o ha llorado; sabe lo que la hace sonreír, lo que significacuando frunce el ceño, o muerde sus labios; sabe la diferencia entre unsonrojo y un rojo de ira.

Adora los pliegues de su rostro cuando ríe, llora o se enoja.

Pero no solo le gusta ella: también le gustan los lirios, que huelen a su cabello de fuego; le gustan los dulces de frutillas, porque sus labios y su perfume huelen a una dulce combinación embriagante; y le gusta hacer sus deberes, porque huelen a pergamino. Y el pergamino, le recuerda a ella.


Adiós, my love....

otro mzz.... aki sta... ez muiii pekeñito pero sta weno......... incluye un poema ke io scribi

Cien años

Lili y James Potter se abian peliado. Lili se habia ido y le dejo una carta en la mesita d noche a Jamesie....

Terminó de leer aquella carta.

Ojalá el remitente, hubiese sido para él.

En sus manos estaba, el único vestigio de la dueña de su alma –ennegrecida por sus actos- y de aquel viejo e intacto amor que el tiempo, tan cruel como el destino, había logrado eternizarlo.

El tiempo y la vida,le habían enseñado a no llorar; sin embargo, la melancolía y la tristeza se agolparon en un nudo en su garganta. Cayó sobre sus rodillas, sollozando. No pudo evitarlo.

Arranco el pedazo de pergamino con la leyenda adorada y lo arrugó en su mano con toda las uerzas que poseía; como si así, pudiera fundirlo en su ser.

Se maldijo a si mismo. Por la envidia, por su ira, por sus actos… y por amarla.

Quería gritarle al destino, implorarle que regresara el tiempo, solo por verla otra vez.

Una lluvia de recuerdos, inundo su mente.

La primera vez que le vio, que le hablo, que le sonrió, que le llamo amigo con una dulce voz…

Su forma de ser, de aceptarlo, de apreciarlo, quererlo, perdonarlo…

La tarde atroz, en que ella se dio cuenta de su maldad, que lo abandonó en sus oscuridad, alejándose de él, tomando un camino diferente y yendo ae ncontrar consuelo –y todo aquello, que él sabía, no podía darle- en brazos de su amigo sirius. Nada, hasta entonces, había sido tan doloroso,como verla, oírla, soñarla y desearla, a sabiendas que ella ya no lo veía a él –ni para dirigirle una mirada reprobatoria-, no lo escuchaba,no se preocupaba de sacarlo de las sombras que lo rodeaban, no le hablaba, ni le sonría. Toda aquella dulce ambrosía que su presencia le proporcionaba, le había sido negada… para siempre.

Y sin embargo,todo lo que había hecho a lo largo de su vida después de perderla, sus errores y sus aciertos habían sido solo por ella… por Lily Evans.

Pasaste a mi lado, con gran indiferencia

Tus ojos ni siquiera, voltearon hacia mi

Te vi sin que me vieras, te hable sin que me oyeras

Y toda mi amargura, se ahogó dentro de mi.

Me duele, hasta la vida,

Saber, que me olvidaste

Pensar, que ni desprecios

Merezca yo de ti...

Y sin embargo sigues, unida a mi existencia

y si vivo cien años, cien años pienso en ti….


Otoño

Como hojas secas

Myrtle había visto pasar amuchas personas por sus aseos a lo largo de su no-vida. Parejas que semetían un cubículo para besarse, amigos que se ocultaban allí cuandofaltaban a alguna clase, y por último, gente solitaria que buscabaintimidad para desahogarse.

Ella solía molestar a las parejas,haciendo pedorretas, flotando sobre ellos o intentando provocarleshasta que conseguía que se fueran porque consideraba una falta derespeto absoluta que fueran a achucharse allí, en sus mismas naricesincorpóreas. ¿Es que no tenían nada de tacto? ¡Ella nunca había besadoa un chico!

A los grupos de amigos rebeldes que se escondían enlos servicios durante alguna clase (generalmente pociones), Myrtle losespiaba y a veces intentaba meterse en sus conversaciones para noaburrirse. Pero la mayoría eran unos maleducados que le respondían demalas maneras, sin tener en cuenta que eran ellos los que se habíanmetido en su territorio. Por eso, los favoritos de Myrtle eranlos que iban al baño a llorar. Le alegraba ver que había gente tan omás desdichada que ella. Que no era la única que tenía que esconderseen unos baños abandonados para llorar su pena. Intentaba adivinar quéles pasaba para reírse de ellos, como tantas veces se habían reído deella cuando sus lágrimas aún eran húmedas y sabían a sal. Lesmortificaba hasta que acababan tirando de la cadena y enviándola allago o bien hasta que salían de allí, más desgraciados aún de lo queentraron.

Myrtle veía esa parte de las personas que ningunoquería que los demás vieran. Había visto profesores, alumnos y hastaconserjes llorar allí. Desde los personajes más excéntricos y los másmelodramáticos, a los más insensibles. Algunos ni siquiera lloraban,sólo destrozaban cosas. Este tipo de visitante solía espantar a Myrtle,así que se metía en water, tiraba de la cadena y desaparecía.

Comohemos dicho, el fantasma de Myrtle había visto de todo, muchos tipos dellantos, muchos tipos de dolor. Pero incluso ella se sorprendió de losextraños compañeros de ¿cubículo? que el destino puede llegar a crear.

o0o o0o

Nole gustaba llorar, le hacía sentirse idiota. No era algo que pudieracontrolar por mucho que lo intentara. Las lágrimas se pasaban el díaguardadas bajo sus párpados y como Hermione trataba de contenerlas todolo posible, intentaban fastidiarla. Hacían que le picaran los ojos ovolvían todo borroso sin previo aviso. “¡Queremos salir!”parecían chillarle. Y normalmente solían ganarle la batalla, así queHermione se encargaba de que eso no sucediera en público. Cuando sentíaque no podría soportar más la visión de Lavender y Ron en plena luchalabio lingual, desaparecía rápidamente.

No le gustaba tener queesconderse en los aseos de Myrtle la Llorona, pero era el único lugardonde sabía que nadie la molestaría. A veces, riéndose de sí misma,sentía que estaba intentado quitarle el titulo a la fantasma. Hermione la Llorona, deberían llamarla.

Mirandoel lado bueno, así podría pasarse la vida en los baños y no tendría quever a Ron. Ni a Lavender. A Ron con Lavender, para ser concretos.

Dadoque Ron era un completo estúpido, Harry ya se cansaría de sus intentosde mediar entre ambos, porque Hermione no pensaba perdonarle así comoasí. De la noche a la mañana había dejado de dirigirle la palabra yhabía pasado a tener una relación más estrecha con la boca de Lavenderque con su cepillo de dientes. Todo en el mismo día. Aunque después detodo, Hermione casi prefería que Harry se dedicara a la mediación antesque a vigilar a Malfoy.

Sí, era cierto que ese curso estabaextraño pero podía deberse a muchas razones, todas más probables que lateoría de Harry. Podría, simplemente, haber finalizado su edad del pavo(y ésta se había mudado a un nuevo inquilino: Ron) o estar muy afectadopor el encarcelamiento de su padre. Que estuviera más pálido, delgado yojeroso y que ya no mostrara siquiera interés por meterse con ella nosignificaba que fuera un mortífago.

No es que ella no sintieraalgo de sana curiosidad por ese cambio tan pronunciado pero tampoco lededicaba demasiados pensamientos. Tenía otras cosas en la cabeza aunquele hubiera encantado sacárselas a patadas. Así que cuando sentía queiba a explotar, que no podía más, acudía a los aseos abandonados, a surefugio.

Allí podía sentirse patética sin testigos o como muchocon la compañía del espíritu de Myrtle, porque Hermione estaba segurade que a ese lugar no iba nadie. De que sólo ella usaba esos aseos.

No sabía que, contrariamente a su costumbre, estaba equivocada.

o0o o0o

Talvez fuera denominador común de la adolescencia esa especie deegocentrismo que hacía pensar a todos que sus problemas eran los peoresdel mundo, pero Draco sabía que efectivamente los suyos lo eran.¿Dificultades amorosas? ¿Malas notas? ¿Broncas paternales? Si hubieratenido ánimo de reír, Draco se hubiera carcajeado de lo insignificantesque eran las preocupaciones de todos sus compañeros. Porque bueno, notodos los estudiantes de Hogwarts podrían escribir en su diario (uninvento muy estúpido en opinión de Draco) algo como:

Querido Diario, ¿recuerdas a ese anciano con pinta de -¿cómo coño se llamaba ese gordinflón que entraba por las chimeneas muggles en Navidad? ¿Papá Noel? – Papá Noel desinflado? Bien, pues tengo que matarle antes de que acabe el curso o quien-tú-ya-sabes – aunque, que coño vas a saber si sólo eres un ridículo diario –mematará a mi y a mi familia. Por otro lado, tengo que buscar la manerade meter a una docena de mortífagos en la escuela para anunciar portodo lo grande quequien-tú-no-sabes-porque-sólo-eres-un-ridículo-diario ha vuelto. EnHogwarts, el lugar más seguro de toda Gran Bretaña, en el que nadie sepuede aparecer, ni usar trasladores, ni entrar volando, ni encontrar laclase de Adivinación a la primera. ¿Acné juvenil? No, algomejor. La Marca Tenebrosa tatuada en el antebrazo izquierdo. Y que nose me olvide, tengo que fingir que los estudios me importan un comino yenviarle dos cartas semanales a mi madre asegurándole que estoy bien yque tengo un plan. Ah, y también está el pequeño asuntillo de queSeverus Snape, mi padrino y profesor de Defensa Contra las ArtesOscuras, se pasa la vida atosigándome para ayudarme a matar aDumbledore, pero no puedo aceptar su ayuda porqueno-sabes-quien-tonto-diario-en-qué-planeta-vives me ha ordenado hacerlosolo y sin ayuda o se enfadará mucho –y entonces me matará a mí y familia, etc-.Eso es todo por hoy, querido diario. ¿Tú qué opinas? Por supuesto, comosólo eres un idiota cuaderno en blanco al que la gente le cuenta suscosas como si le estuviera escuchando, no puedes responderme. Y ya queno puedes escucharme –porque ni siquiera tienes oídos, inútil -niresponderme, significa que he gastado veinte valiosos minutos de mivida detallándome a mí mismo mi tormento, por si no me sentía bastantehundido ya. Gracias por nada, diario.

PD: Creo que tengo entradas. ¡Entradas! ¡Con diecisiete años!.”

Enresumen: estaba jodido. No podía negar que al principio le habíagustado la idea de ser mortífago y poder devolver a su familia un lugarde honor entre los seguidores del Señor Oscuro. Nadie podía culparledespués de esas vacaciones de verano.

Esos dos meses en MalfoyHall habían sido horribles. Narcissa nunca lloraba delante de él, perosiempre que Draco la veía, tenía los ojos irritados por las lágrimas.No sabían nada de su padre en Azkaban, no podían escribirle ni verle (yDraco lo prefería porque no creía que su madre pudiera soportar verleallí). El Señor Oscuro estaba furioso con Lucius por su fallo y suesposa temía por él. En ese clima, Bellatrix se presentó un día en lamansión con la sonrisa de un gato que se ha comido a un ratón. Llevó aDraco a parte (no quería que Narcissa escuchara) y le informó de que elLord Tenebroso le había concedido el honor de cumplir unamisión para él. Y si lo lograba, si lo hacía bien, los Malfoyrecuperarían su favor. Draco tendría un poder que nunca había niimaginado, aprendería magia negra y todos le temerían y respetarían.

Sonabagenial, ¿no? Todo eran ventajas. Por supuesto, en su arrogancia y neciaalegría, no se había parado a pensar qué sucedería si fallaba. No hastaque su madre le escribió una carta en un pergamino bañado por suslágrimas informándole de que si él no cumplía su misión, los tresestarían en peligro de muerte. Fue en ese instante cuando Draco se diocuenta de dos cosas:

1) Su madre conocía su misión y su condición de mortífago por mucho que había intentando ocultárselo para que no se preocupara.

2)Estaba en apuros. Matar a Dumbledore no era un juego. Si fallabaganaría un billete directo al cementerio de la familia junto con suspadres.

De pronto, ya no le parecía tan guay eso de ser mortífagoy ahora que veía el momento de cargarse a Dumbledore más cercano sepreguntaba si realmente sería capaz de matarle. Sí, era un vejestoriochiflado y molesto pero Draco no quería matarle. Por otro lado, su madre le rogaba en la carta que aceptara la ayuda de Snape pero él se negaba. Porque:

1) Si mataba a Dumbledore con la ayuda de Snape, el Señor Oscuro podría enfadarse con él y torturarle.

2) Si mataba a Dumbledore con la ayuda de Snape, el Señor Oscuro podría enfadarse con él y matarle.

YDraco no quería correr el riesgo. Además, aún en el caso de que suseñor se mostrara benevolente, así no repararía el error de su padre,no volvería a ganar el favor deQuien-ya-sabe-todo-el-mundo-menos-su-diario-imaginario.

Enconclusión, apenas era capaz de conciliar el sueño por la preocupación.Cuando llegaba la hora de comer, el estomago se le cerraba de nervios.No podía concentrarse en clase. Ya no le interesaba el quidditch nitorturar a los sangre sucia.

Ni siquiera tenía ánimo para metersecon Hermione Sabelotodo Granger, así de deprimido estaba. Estaba tan,pero tan, decaído que ni ver como ella lo pasaba mal lograba animarleni un poco. Tan, pero tan desanimado que no soportaba la compañía denadie y vagaba a menudo en soledad por los pasillos del colegio, talvez esperando que se le ocurriera algo por ciencia infusa. Fue en unode sus vagabundeos por la escuela cuando dio con los baños de Myrtle lallorona. Por supuesto que los conocía, había pasado cientos de vecespor delante de ellos pero solía evitarlos porque, en primer lugar, erande chicas y en segundo, solían estar encharcados por las lágrimas de lafantasma.

Sin embargo un día, no supo muy bien la razón perodecidió entrar allí. Posiblemente para relajarse y dejar fluir sumalestar, probablemente para no tener que fingir que estaba bien.Evidentemente para estar solo. O eso pensaba él.

o0o o0o

-¿Qué haces aquí, sabelotodo?

-Te recuerdo que este es un baño de chicas.

-Y yo te recuerdo que está fuera de servicio.

-Aún así tengo más derecho que tú a estar aquí.

-Yo llegué primero.

-Que argumento más infantil, Malfoy.

-Que repelente puedes ser, Granger.

-Y tú que imaginativo.

-En realidad no lo soy tanto, pero es que comparado con tus brillantes amigos siempre salgo ganando.

-Querrásdecir comparándote con los tuyos. Porque Crabbe y Goyle son unaevidente muestra de ingenio y de las cualidades típicas que valora laastuta casa de Slytherin…

-Perdona, ¿qué has dicho? Es que erestan pedante que mi cerebro decidió desconectarse de tu verborrea cuandocomenzaste a usar adjetivos de tres sílabas.

-Lo lamento, adecuaré mi lenguaje a tu nivel. Crabbe y Goyle sooon ton-tos.

Losdos se miraron a los ojos sabiendo que no había argumento posible conlo que rebatir ese último comentario. De pronto, sus posicionescorporales cambiaron, relajándose, dejando de ser tensas e invasivas.Hermione bajó un poco la cabeza y Draco se descruzó de brazos.

-¿Mejor? –preguntó ella.

Draco parpadeó, torció la boca y se encogió de hombros evasivamente.

-¿Tú?

-También–murmuró Hermione y fue a sentarse sobre el mármol que rodeaba loslavabos. Se recogió las piernas dobladas debajo de la túnica y apoyó laespalda contra los espejos. Draco se giró hacia ella pero en esemomento Myrtle atravesó la puerta de uno de los cubículos, haciendoacto de presencia con expresión malhumorada.

-¿Otra vez vosotros aquí? –les interpeló con su voz chillona y desagradable.

-Lárgate–murmuró Draco con desidia y apuntándola con su varita, le aplicó unhechizo no verbal que la hizo desaparecer en el interior del cubículo.Segundos después se escuchó el ruido de la cadena de un water. Hermionele miró con el ceño fruncido.

-No hacía falta que fueras tan grosero con ella –señaló la Gryffindor.

-Es insoportable.

-Es sólo un espíritu atormentado.

-Ya y el Barón Sanguinario es un abuelo bondadoso.

-Pero estos son sus aseos.

-Es un fantasma, no los necesita.

Hermione apretó los labios, disgustada. Después su expresión facial se relajó y una pequeña sonrisa se dibujó en su boca.

-¿Mejor ahora?

-Puede –musitó Draco evitando su mirada.

Erauna situación rara. De hecho, en el ranking de situaciones raras delcolegio, era, sin lugar a dudas, la que ocupaba la primera posición (yeso que en Hogwarts pasaban cosas muy raras).

Todo habíacomenzado un día Octubre, poco después de que Ron y Lavender seconvirtieran en siameses. Hermione recurría con bastante asiduidad alos servicios de Myrtle pero nunca se había topado con nadie que nofuera la fantasma ahí dentro, hasta que una tarde para su sorpresa seencontró con que:

a) El baño no estaba vacío.

b) Draco Malfoy estaba en él.

Draco Malfoy (sexto curso, Slytherin, odioso, arrogante e insoportable) en unos baños de chica y encima, ¿llorando?

Elshock inicial ante el descubrimiento de que Malfoy podía llorar, dejó aHermione muda hasta que él la descubrió, observándole como si fuera unaaparición. Entonces Draco empezó a mascullar y a soltar juramentos,mientras se limpiaba las lágrimas rápidamente con los nudillos. Cuandoestuvo seguro de haber recuperado la compostura se dedicó a sentirsehumillado, violento y furioso a partes iguales.

-¿Qué quieres? –le escupió a bocajarro.

Hermione dio un respingo, sorprendida en medio de su estado de aturdimiento profundo.

-¿Estabas…estabas llorando? –logró articular.

-¿Ytú? –preguntó Draco con rabia. Entre su recital de maldiciones ypalabrotas, el muchacho se había percatado de que Granger tenía losojos húmedos. Y no era la primera vez que los veía así. La sangre suciaiba a menudo por ahí con los ojos enrojecidos y el iris aclarado, comosi el color marrón se le hubiera desteñido de llorar. Draco tenía lavaga idea de que se debía a la nueva amiguita que se había echado laComadreja, con la que se dedicaba a besuquearse en cualquier parte, sinninguna sensibilidad hacia los estómagos ajenos.

-Yo… -Hermione apretó los labios y se irguió –Por supuesto que no.

-Bien, porque yo tampoco –apostilló Draco rápidamente, con expresión de desdén.

-Pues entonces, ¿qué hacías en un baño de chicas, Malfoy?

-Podría preguntarte lo mismo porque te recuerdo que está averiado, Granger.

Touché. Hermione achicó los ojos para lanzarle una mirada asesina.

-Loque haga o deje de hacer es asunto mío –repuso la chica con tonorelamido –así que, ¿por qué no te marchas y me dejas tranquila?

-Marcharte tú, yo estaba aquí antes.

Yla discusión siguió y siguió, un intercambio sin tregua de comentariosmordaces e ironías. Así que cuando al fin Hermione se hartó y salió delos baños con un gran portazo, tanto ella como Draco estaban agotados yya no tenían ganas de llorar ni regodearse en la autocompasión. Dracocenó ese día con auténtico apetito y Hermione se durmió sin tener queaguantarse las ganas de llorar.

Después de ese día volvieron aencontrarse de vez en cuando. En ocasiones coincidían en los aseos deMyrtle y se peleaban acaloradamente. A veces la fantasma intentabaintervenir o echarlos, pero acababa siendo enviada al retrete porcualquiera de los dos. Por supuesto sus encuentros se debían al puroazar. No es que Hermione se hubiera percatado de que Malfoy iba todoslos martes y los jueves después de herbología, ni que él hubiera notadoque las visitas de Granger al aseo solían coincidir con losentrenamientos de quidditch de Gryffindor, simplemente coincidían unpar de días a la semana. O tres, puede que cuatro si estabaninspirados. Pero cinco nunca, prácticamente nunca. Quizás también algún domingo…bueno, vale, todos los días.

Noimportaba quien llegara primero, el hecho era que cuando llegaba elotro comenzaba la función. Hermione le chillaba, Draco gritaba aún másalto, resoplaban, se tiraban de los pelos y finalmente se quedaban ensilencio, mirándose y recuperando el resuello. Los dos, cada uno por sulado, habían llegado a la conclusión de que ya no tenía sentido negarque se encontraban intencionadamente y que sus “citas” eran casi unaterapia.

Puede que a Hermione le dieran ganas de desarrollar unacepa de viruela de dragón debajo de su cama e infectar con ella a Ron yLavender, pero lo podía soportar siempre que pudiera pegarle unoscuantos gritos a Malfoy. E incluso era posible que Draco se desesperaraporque su único intento de a Dumbledore no podía haber salido peor,pero lo olvidaba el tiempo suficiente para no perder la cabeza si podíadesahogarse hostigando a Granger.

Después de las peleas se quedaban callados hasta que uno de los dos se iba. Hasta que un día traspasaron la línea “tonta-tonto tú” y comenzaron a vadear los “ríos” emocionales de sus problemas.

-¿Todoesto es por Weasel? –preguntó Draco, de repente. Le parecía ridículoque Granger tuviera ojeras y estuviera permanentemente alterada por esedesnutrido con déficit de atención. Hermione, que estaba alisándose lacapa distraídamente antes de salir de los aseos se quedó anclada en susitio y miró a Draco con los ojos muy abiertos. Intentó buscarinsinuaciones de burla en la línea de sus labios o en su mirada fija,pero no las encontró. Parecía preguntárselo en serio, como si realmentefuera algo le interesara aunque sólo fuera por simple curiosidad.

-Bueno…sí –confesó, sintiéndose extraña y avergonzada. Nunca había creído que acabaría hablado de eso con Draco Malfoy.

-Nodeberías malgastar tu energía con ese idiota, para cuando aprenda afijarse en mujeres de verdad ya tendrá un puñado de críos pelirrojosque no podrá mantener.

Hermione abrió la boca para decirlecansadamente que no hablara así de Ron, pero entonces se dio cuenta decómo se podían interpretar las palabras del Slytherin. Él tambiénpareció notarlo, porque de pronto volvió a la postura rígida y tensaque guardaba cuando peleaban.

-No estoy diciendo que tú seas unamujer de verdad, lo que quiero decir es que ahora sólo puede fijarse entontas cursi que no hacen más que hablar de túnicas y leen Corazón deBruja, nadie interesante.

Finalizado su discurso se relajó unos instantes hasta que percató de sus últimas palabras.

-Y con eso no quiero decir que tú seas interesante –añadió rápidamente –lo que quiero decir es…

-Ya –musitó Hermione –ya sé lo que quieres decir.

Malfoyrehuyó su mirada y recargó un hombro sobre la pared, en actitudindiferente, pero Hermione lo agradeció pues de pronto se sentíaridículamente de buen humor. Lo suficiente para arriesgarse a estropearsu precario estado de paz yendo más allá.

-¿Y tú… ¿es por tu padre?

Dracovolvió la mirada hacia ella, calibrando qué responder. Sentía unimpulso autodestructivo de decirle la verdad, de contarle a alguientodo lo que le pasaba, de pedir ayuda. Sólo tenía dieciséis años, todoeso era demasiado para él. Pero no podía contárselo a nadie y menos aella. Le delataría, e incluso en el caso de que no lo hiciera, ya novolvería a los aseos de Myrtle para encontrarse con él. Y eso era loúnico que le ayudaba a seguir.

Así que optó por lo más sencillo. Decir sólo parte de la verdad.

-Sí–murmuró. Esperó en tensión que ella dijera algo más que le hicierasentir incómodo o que le importunara con preguntas, pero en su lugar,Granger se mantuvo en silencio. Se acercó unos pasos pero Draco no seatrevió a mirarla hasta que sintió su mano dubitativa sobre su hombro.La chica dobló un poco los dedos, arrugándole levemente la túnica, y ladejó ahí.

Draco la miró. Su mano era insignificantemente pequeña.Se mordía las uñas y tenía durezas en el dedo índice de apretar lapluma. Una pequeña cicatriz de carne tierna se extendía entre dos desus nudillos y el pulgar tenía manchas de tinta. Su mano era como ella.No especialmente femenina, bonita o cuidada, sino pequeña, trabajadoray firme. El tipo de mano hecha para sujetarte en los malos momentos enlugar de acariciarte el pelo. Lo que él necesitaba. Sus ojos seencontraron y Draco vio comprensión en ella, preocupación en lugar decaridad, lo que hizo que todo se volviera mucho más íntimo e incomodo.Sin pensarlo ni darse cuenta, pasó torpemente su mano sobre la deGranger, muy rápido.

Se estaban adentrando en arenas movedizas, olo habían hecho ya, desde que empezaron con todo eso. Pero al principiose habían movido tan despacio que no habían notado que se estabanhundiendo, poco a poco. Y ahora que Draco ya estaba enterrado hasta lasrodillas, miraba la orilla pero no podía salir. Aunque lo intentaba.

-Yo…bueno…es tarde –barbotó, antes de irse a toda velocidad.

Peroal día siguiente volvía a estar allí. No para llorar ni refocilarse ensu desdicha, sino porque sabía que Granger aparecería en los aseos denuevo. En un ritual silenciosamente pactado.

o0o o0o

Yllegó el día de las vacaciones de Navidad. Cada uno iba a pasarlas consus respectivas familias y en una hora saldría el Expreso de Hogwarts.

Dracono debería estar allí cuando no había acabado de hacer el baúl, pero elhecho es que estaba. Había acudido sin poder evitarlo. El día anteriorhabía tenido lugar la fiesta de Navidad del Club Slughorn así queapenas había visto a Her…Granger. No la echaba de menos, no se tratabade eso. Se trataba más bien de que mientras merodeaba por losalrededores de las mazmorras, lugar donde tenía lugar la estúpidafiesta, había visto a Hermione acompañada de un corpulento gilipollasde Gryffindor. De hecho, él la había besado bajo el muérdago. Esa erala manera correcta de describirlo. Él la había besado y ellahabía intentando huir. Y después de forcejear nerviosamente paraconseguirlo, Granger se escurrió entre las manazas del tal McLaggen ysalió a toda velocidad.

Draco se daba perfecta cuenta de que noera normal que hubiera sentido una furiosa sensación de alegría al verque Granger se resistía a que ese troll la besara, pero pronto se viotruncada por una punzada de sospecha. ¿Y si se había apartado sólo porWeasel, por que seguía enamorada de él? Merlín, Granger tenía un gustohorrible. Aunque bueno, buscando dentro de Gryffindor no podríaencontrar nada bueno. Tal vez debería mirar en Slytherin mejor. Pero noen séptimo curso, ni tampoco en quinto. Y nada de fijarse en Nott oZabinni (Crabbe y Goyle no contaban directamente). Eso reducía susposibilidades a… bueno, a él.

Alerta, S.O.S. Ese tipo depensamientos no eran buenos y no llevaban a buenos lugares. Era loúnico que le faltaba añadir a su diario imaginario para completar elcuadro.

Odiado diario,

¿Recuerdas lo último quete conté? Sí, todo eso de quien-tú-no-sabes, muerte, destrucción,tragedia y pelo que se cae. Pues añade algo más a la lista: creo –(he dicho CREO, ¿vale?)- que a lo mejor bueno…me…, bueno, ya sabes, una sangre sucia.

PD: Mátame, por favor.”

Seguramentela presión de que su vida y la de su familia estuvieran en peligro ytener que matar a Dumbledore, le estaba volviendo majara. Es más,Granger no se pasaría por los baños de Myrtle la Llorona una hora antesde que saliera el Expreso, era ridículo. Y él era un auténtico bobo porestar ahí esperándola.

Justo cuando había decidido marcharse yborrar de su memoria esa espera sin sentido, la puerta de los aseos seabrió y Hermione entró por ella precipitadamente. Se detuvo en seco alverle, como si no esperara encontrarse con él allí. O sí, porque deinmediato sus ojos se suavizaron y separó los labios.

Draco sequedó mirándolos unos instantes, antes de recordar el episodiovoy-a-la-fiesta-a-la-que-no-estás-invitado-con-el-memo-de-McLaggen yenfurecerse. Puede que se hubiera escapado de su beso pero había ido ala fiesta con él, ¿no? ¿Por qué? ¿Es que le gustaba ese ganso ególatra?

-¿Qué tal en la fiesta del gordo de Slughorn? ¿Tuviste buena compañía? –preguntó con rencor.

Hermionetardó unos segundos en darse cuenta de que ese no era el comienzo deuna discusión intrascendente con el mero pretexto de descargarse.Estaba hablando en serio. Entonces recordó que Filch lo habíaencontrado merodeando por las mazmorras y lo había llevado a rastrashasta la fiesta.

-¿Me…viste con Cormac? –preguntó, con una corazonada.

-Así que le tuteas, ¿eh? Bueno, no me extraña, si fuisteis juntitos a la fiesta…

-Cormacno me interesa –murmuró Hermione. ¿Por qué se estaba justificando? ¿Ypor qué el tono de Malfoy hacía que se sintiera culpable? –En realidadsólo fui con él porque sabía que eso pondría celoso a Ron.

Oh, oh. Respuesta equivocada. Sólo había que mirar a Malfoy a la cara para darse cuenta de que estaba cabreado, muy cabreado.

-Muybien, Granger, tú sigue patéticamente enamorada de él, aguardando a quealgún día se dé cuenta de que existes. Esperemos que para entonces aúnconserve todos sus dientes.

Hermione se encogió como si lahubieran golpeado. ¿Qué le pasaba al idiota de Malfoy? ¿Por qué derepente la atacaba así? Y sobre todo, ¿por qué tenía que tener razón?Seguía esperando que a que Ron se cansara de Lavender y se diera cuentade que ella era la chica que de verdad le gustaba. Que lo era desdeprimer curso y que deberían haber ido juntos al Baile de los Campeonesen lugar de pelearse. Llevaba años esperando que se fijara en ella ysin embargo, nunca lo había visto tan imposible que como ahora, como enese justo momento. Debía darle las gracias a Malfoy por eso, porasegurarse de que tuviera unas vacaciones de Navidad estupendas.

-Nosé qué demonios te pasa, Malfoy, pero no lo pagues conmigo –le espetó,y sin darle tiempo a replicar, se dio media vuelta y salió de los aseosde Myrtle.

o0o o0o

Las Navidadestenían algo melancólico que ni todos los villancicos, luces de coloresy regalos bajo el árbol, podían ocultar. Al menos Hermione siempre lohabía creído así y ese año lo sentía más que nunca. Hermione La Lloronahabía regresado y campaba a sus anchas por su reino. Esa nueva Hermioneodiaba a todos los hombres menos a su padre, incluso odiaba un poco aHarry por estar pasando las Navidades con el idiota tozudo de Ron. Peroel pelirrojo debía disputarse el número uno del Top Ten de los másodiados con Draco Malfoy. Ese egoísta repeinado con menos sentido deltacto que el Weasley (que ya era decir).

Se sentía profundamenteherida con él. No entendía por qué la había atacado así, de repente,cuando parecía que tenían una especie de...bueno, ¿amistad? O algo así.Una relación civilizada, podría decirse.

Ron era simplemente unbruto. Decía las cosas sin tacto porque no sabía decirlas de otramanera o simplemente porque no las pensaba. Pero Malfoy no era así dedescuidado, sabía qué decía y sabía dónde dar para hacer daño. Y ellale había facilitado ese conocimiento. Todo ese largo episodio de peleasen el baño no tenía sentido y nunca debería haber tenido lugar. Loborraría de su mente y cuando acabaran las vacaciones, jamás volvería apisar los baños de Myrtle la Llorona. Y punto.

o0o o0o

Cojonudas.Draco estaba teniendo unas vacaciones de Navidad cojonudas, estupendas,espléndidas. Su madre y él solos, cada uno comiendo en una punta de lamesa. Draco intentando sacar un tema de conversación trivial y neutra,su madre tratando de sonsacarle como iba su misión. ¿Qué podía decirle?¿Qué una chica de Gryffindor casi había muerto por su torpeza? No eraalgo de lo que presumir, ni nada que le hiciera sentir especialmentebien. Tenía un plan B, no obstante, y ahora sólo tenía podía esperar aque el gordo guloso de Slughorn le diera la botella de hidromielenvenenada a Dumbledore. Y si ni siquiera eso funcionaba había planeadoalgo por todo lo alto.

Pero su malestar y el apetito que noreaparecía no se debían sólo a todo ese sórdido asunto. Tenían muchoque ver con cierta sangre sucia que en esos momentos debía estarodiándole.

Bueno, ¿y a él qué le importaba? Era una sangre sucia,por Merlín. Los sangre sucia eran malformaciones mágicas. Un mago deuna sangre mágica tan pura como la suya, no podía plantearse usar a lossangre sucia ni como esclavos. Descendía de los Black, cuyo linajemágico se remontaba a la baja Edad Media, y de los Malfoy, con árbolesgenealógicos con no menos de veinte generaciones puras. Pero lo ciertoes que todo es le importaba un carajo. Le preocupaba más lo que leharían el Señor Oscuro y sus seguidores si se enteraban de eso. Su tíaBellatrix sin ir más lejos. Los matarían a los dos. Bueno, bueno,estaba yendo demasiado lejos por un capricho. Y ni siquiera estabaseguro de que Granger llegara a la categoría de capricho. Sólo eran unperiodo de enajenación mental transitoria.

Sin embargo, mientrasabría los regalos envueltos en papel de plata que los elfos domésticosno paraban de traerle, Draco sintió que cada eterno día de esas“vacaciones” era como morir un poco.

o0o o0o

Grangerno acudió al baño de Myrtle la Llorona durante la primera semanadespués de las vacaciones. Draco la esperó todos los días, caminandofuriosamente de un lado a otro, coreado por las burlas de Myrtle, hastaque se cansaba, arrojaba a la fantasma por el water y se marchaba deallí de un portazo que podría haber hecho la puerta giratoria. La veíapor los pasillos, claro, e incluso compartían algunas clases, peroGranger parecía empecinada en ignorar su presencia. Evitaba mirarle tanbien y cuando accidentalmente sus ojos se chocaban los apartaba con talnaturalidad, que Draco empezaba a sentirse invisible. Y en alguien aquién le gustaba tanto ser el centro de atención (alguien que necesitaba ser el centro de suatención) era verdaderamente enloquecedor. Así que decidió pasar laofensiva. Lo cual se tradujo en esperar a que saliera de la bibliotecay arrinconarla en algún oscuro rincón.

-¿Por qué no has venido?–le preguntó, enfadado. No hizo falta que dijera a dónde, los dos seentendían a la perfección. Hermione se zafó de sus manos (él la estabasujetando por los hombros) y alzó obstinadamente la barbilla.

-Creo que no es una buena idea que nos volvamos a ver.

-Nunca fue una buena idea que lo hiciéramos, Granger –replicó Draco, mordazmente –Lo que te pasa es que estás enfadada.

-Puessí –reconoció ella cruzándose de brazos –Te recuerdo que la última vezque nos vimos me ladraste en cuanto entré por la puerta.

Dracoapoyó las manos en la pared, una a cada lado de Granger, cerradas enpuño para que no le traicionaran. Eso le obligó a inclinarse un pocohacia delante, de modo que su cabeza quedó a la altura de la de ella.Parpadeó secamente y la miró a los ojos.

Hermione vio una tormenta veraniega estallando en sus pupilas grises.

-Novolveré a hacerlo –dijo, en tono suave, casi dócil. Eso la desarmó porcompleto e hizo que todo su enfado se le escurriera entre los dedoscomo agua. No es que quisiera perdonarle tan fácilmente pero ese “No volveré a hacerlo”era una disculpa viniendo de Malfoy. Además estaba tan cerca queHermione sentía como se le derretía el cerebro. Notaba el calor quedesprendía su cuerpo vibrando en el aire entre los dos, impregnándolode una energía casi eléctrica. Sólo tendría que alargar las manos haciaél y ponerse de puntillas para besarlo. Y eso sería tan…tan… sí-oh-sí.

En buena se había metido.

Conscientede sus pensamientos, Hermione sacudió la cabeza para despejarse ydescruzó los brazos alzando las manos ante ella, como un escudoprotector.

-Yo…bueno, vale –murmuró –ahora tengoque…tengo...muchas cosas que hacer y…me voy –finalizó con poca firmeza.Draco no se movió, seguía atrapándola con sus brazos, mirándola sinpestañear, casi tocándole la cara con los labios.

-He dicho que me voy –repitió ella, más convencida esta vez.

-Mañana–susurró Draco. A Hermione le sonó como una mezcla entre recordatorio yamenaza, pero no se paró a analizarlo porque en cuanto Malfoy se apartóun poco, ella se marchó de allí a toda velocidad.

o0o o0o

Mientrascaminaba a toda velocidad hacia los baños de Myrtle la Llorona,Hermione se repetía una y otra vez que todo ese asunto suyo con Malfoyno tenía sentido. Nunca debió empezar y tendría que haber acabadotiempo atrás. Justo antes de que Draco Malfoy empezara a importarle.Había estado bien cuando podía plantarse allí, gritarle e insultarlecon la seguridad de que a él le importaba un comino lo que le dijera, ymarcharse tranquila y descargada, después de haber liberado tantaenergía. Debería haberle dado la importancia que se merecía cuando la necesidadde descargarse se hizo diaria. Y aún más debería haberle preocupado quela de Malfoy también lo fuera. En Navidades lo había pasado bastantemal para no contestar de malas maneras a su familia o llamar “IncreíbleHurón Botador” a su primo Rusty. Además había pensando tanto en Ron yen Malfoy que seguro que la cabeza echaba humo. Pero la vuelta aHogwarts había sido aún peor. Ron y Lavender estaban por todas partes yera difícil ignorarlos al mismo tiempo que a Malfoy. Además se pasabalos días tan rígida, enfadada y distraída que sospechaba que la genteempezaba a tenerle miedo. Ante se las apañaba para no ser una mantícorasin la ayuda de Malfoy pero ya no podía hacerlo. Y eso la enfadaba aúnmás.

Por si fuera poco, cuando llegó a los aseos de Myrtleestaban desiertos. Por si acaso, fue comprobando uno a uno loscubículos, aunque sabía que no tendría sentido que Malfoy estuvieraescondido en uno. Por eso soltó un grito de sorpresa cuando sintió unamano en su muñeca tirando con fuerza de ella para que se volviera. Depronto Malfoy estaba frente a ella, ocupando con su figura oscura yalargada todo el cubículo. Hermione dio un paso atrás, alarmada, perola puerta del servicio le cortó la retirada.

Le miró. Malfoytenía algo en la mirada que delataba claramente sus intenciones, comoun gato cansado de jugar con el ratón, preparado para comérselo. Alargóuna mano hacia ella y Hermione se encogió y cerró los ojos asustada,pero él no le cogió la barbilla rudamente y aplastó su boca contra lade ella como había hecho McLaggen, solamente le rozó la mejilla con losdedos. Una lenta exploración, delineando su pómulo con la yema de tresdedos que temblaban. Fue entonces cuando Hermione se dio cuenta que esole asustaba tanto como a ella, que eso que les volvía los miembros degelatina y hacia que le cosquillearan los labios era nuevo para losdos. Así que se atrevió a abrir los ojos para enfrentar los de él.Grises, sin una pizca de azul. Brillantes, insistentes, acariciadores.Y las dudas desaparecieron.

Nerviosa, Hermione alargó una manopara cubrir torpemente la de él, atrapándola contra su mejilla. A él lehubiera sido tremendamente fácil derribar su débil presión pero no lohizo, dejó la mano ahí y como si los dedos de Hermione recorriendo susnudillos fueran un mudo permiso, se inclinó un poco más y la besó.

Fue más un tanteo que un beso. Los labios pegados, sin moverse, las respiraciones contenidas. La sensación de “es cierto, nos estamos besando”,extendiéndose por todo el cuerpo. Y entonces Draco insistió y Hermioneseparó los labios. Lento y tímido, así empezó el beso. Sólo los labiostemblorosos de Hermione apresados en los labios firmes de él. La manoen su mejilla la acunó con anhelo, profundizando el beso.

Y esono se pareció a los castos besos de Viktor, ni al invasivo beso robadode Cormac. Draco movía su lengua muy despacio dentro de su boca,perezosa. Rozaba la de Hermione con la parsimonia con la que un gato serelame, como si no esperara respuesta.

Hermione sentía lasrodillas flojas así se aferró con fuerza al hombro de Draco. Notó sudureza, firme y fibrosa bajo la mano y apretó con moderación, ahogandoun gemido de placer cuando Draco le deslizó la lengua por el contornode la suya. Entonces despertó y le devolvió la tierna tortura.

Y allí, en el lugar donde Myrtle había derramado tantas lágrimas, brotó algo mágico.

o0o o0o

Aveces quería ser dulce con ella, quería tratarla con cuidado ydelicadeza. Era tan pequeña a su lado que a menudo pensaba que podríaromperla. La besaba despacio y a conciencia. Le contaba en los besostodo lo que nunca podría decirle. Que le daba igual que fuera unasangre sucia, que sentía algo por ella, que quería cuidarla como elmemo de Weasel nunca sabría hacerlo.

Pero otras veces era rudo,rápido e inflexible. Le mordía los labios y le rozaba los dientes, laestrechaba contra él sin miramientos. Le gritaba en la boca todo lo queno podía contarle. Que era un mortífago, que él y su familia estaban enpeligro, que tenía que asesinar a Dumbledore. Que después de esotendría que irse lejos de ella, que lo odiaría.

Ya no discutíaninocentemente para descargarse. Se desahogan el uno en la boca del otroy discutían porque eran Draco Malfoy y Hermione Granger y no podíandejar de hacerlo. A veces hablaban (más Hermione que él) de temasinocentes, otras veces de la guerra. Ella le preguntaba qué queríahacer al terminar la escuela, él respondía con evasivas.

¿Qué quería hacer? Seguir con ella.

Pero sabía que eso no podía ser.

o0o o0o

Suplan B fracasó estrepitosamente el uno de Marzo. No sólo la botella dehidromiel envenenado no llegó a Dumbledore, sino que por una serie dedesafortunadas circunstancias, el que casi acabó muerto fueprecisamente Ronald Weasley. Draco se enteró en su sala Común, justocuando iba a salir para ir al encuentro de Hermione. El pelirrojo habíasido envenenado, estaba en enfermería, recuperándose. Draco no necesitósaber más para estar seguro de que Hermione no iría a su cita. Estaríacon Weasley, en enfermería, cogiéndole de la mano y esperando verledespertar. La imagen hizo que el peso en el estomago de Draco crecieraaún más. Siguió ahí, aumentando cada hora como si estuviera tragandopiedras. El peso tiraba de él hacia abajo y le obligaba a desearquedarse tumbado todo el día. No le dejaba dormir por la noche e hizoque el tono deslucido de su piel empeorara al despertar.

No iba aperder a Hermione, ya la había perdido. Él mismo había propiciado lasituación ideal para que volviera a los brazos de Weasel. En realidadél se lo había buscado.

Se dijo que le daba igual durante todoese día, evitando la mirada de la chica cada vez que se la cruzó en lospasillos o en el Comedor. Se dijo que no le importaba cuando caminabahacia los aseos para que Hermione le dijera que lo suyo había acabado,que estaba con Weasel.

Era lo mejor a fin de cuentas. Él nuncadebería haber estado con ella, había sido una auténtica locura meterseen más problemas de los que ya tenía. Y además, su plan C nonecesitaría mucho más tiempo para estar listo. Antes del fin del cursotodo acabaría.

Pero todo eso era mierda. No le daba igual, joder.No era un noble Hufflepuff para aceptar con caballerosidad que se lahubieran quitado, aunque Weasel fuera mucho más adecuado para ella yseguramente la hiciera más feliz que él. Él era un Slytherin, posesivo,egoísta y con odios y pasiones desmedidos.

Por eso abrió lapuerta del baño con tanta fuerza que rebotó y se cerró sola una vezestuvo dentro. Hermione ya estaba allí, sentada sobre el mármol de loslavabos. Tenía los ojos enrojecidos y el pelo más alborotado que decostumbre. Draco apretó las mandíbulas hasta que las encías le dolierony aguardó con gesto fiero a que ella le dijera que lo suyo terminabaahí.

Hermione se bajó del mármol y le miró a los ojos. Sin decirnada se acercó a él y le abrazó. Notó su cuerpo rígido y frío, como sifuese una estatua de piedra, pero también lo sintió vibrar con untemblor leve como constante. Supo que él tenía miedo. Tal vez tantocomo ella.

-¿Estás con Weasel? –preguntó él con una voz amortiguada y resonante que no parecía suya.

Hermione suspiró.

-No, Draco. Estoy contigo.

Contigo.

Sólo entonces, Draco la abrazó como si no planeara soltarla en los próximos siglos.
Está conmigo, se dijo.

Conmigo.

o0o o0o

Hermionesiempre recordaría esa última tarde del 29 de Mayo de 1997. Fue laúltima vez que estuvo con Draco Malfoy a solas. Se besarondirectamente, sin cruzar palabra. Draco la besó de un modo diferenteesa vez. Con un ímpetu y una necesidad nueva. Fue casi fiero,incansable, insistente. La abrazó íntimamente contra él, envolviéndolacon sus brazos y con su cuerpo, como si quisiera metérsela dentro. Lemordió la barbilla y la línea de la mandíbula y también los labios. Ycuando se apartó de su boca, le apretó los labios contra la oreja,temblando de arriba abajo, tanto que Hermione se asustó. Trató deecharse atrás para mirarle a los ojos, pero Draco se negó a soltarla ydejar que se apartara ni un milímetro.

-Draco –susurró, acariciándole la espalda tranquilizadoramente con las manos –me estás asustando.

-Lo siento –dijo él.

Después la besó en la boca, un último beso hábil y cálido, la soltó y se fue, sin mirar atrás.

Más tarde, Hermione comprendería que no se había disculpado por asustarla. Le había pedido perdón por lo que iba hacer.

o0o o0o

Esanoche del 29 de Mayo, Draco Malfoy consiguió que los mortífagosentraran en Hogwarts. Snape mató a Dumbledore y luego se dieron a lafuga. Esa noche Hogwarts se quedó sin director y sin profesor deDefensa contra las Artes Oscuras. Esa noche Hermione se quedó sin él.

o0o o0o

Sehan vuelto a ver desde entonces. La primera vez en la propia MansiónMalfoy, durante la guerra, donde Draco no quiso reconocerla claramente,ni a ella ni a Harry ni a Ron. Luego en la batalla final. Después deeso en muchas partes.

Muchos años han caído sobre sus recuerdoscomo hojas secas, formando una capa crujiente y quebradiza.Generalmente se saludan con un gesto de cabeza y siguen con sus caminoscomo si fuesen unos extraños. Hermione se ha casado con Ron y Draco conAstoria Grengrass, una Slytherin de buena familia. Los dos son felices,cada uno a su manera, y queda ya muy poco de aquellos adolescentes quese ‘encontraban’ cada día en el baño de Myrtle la Llorona. Pero de vezen cuando se cruzan en el Callejón Diagon, se ven cuando llevan a sushijos hasta el Expreso de Hogwarts o leen sus nombres en el periódico,y entonces miran atrás y se preguntan qué hubiera pasado si la guerrano les hubiera separado.

A mí no me preguntéis, sólo cuento estahistoria. Pero en el callejón Knockturn hay un mago loco que siempredice a quien quiera escucharle que hay dos tipos de personas que suelenpreguntarse “¿Qué hubiera pasado si…?” muchas veces a lo largode su vida: las que dejaron algo sin concluir y las que nunca seatrevieron a empezarlo. A veces, ni Draco ni Hermione saben de qué tiposon.


COMTNZ PLZZZ!!!!!!!!

Felis año!

Wolas! ziii x fin pud abrr un blok!!! ueno aqi ls djo st fanfict... muxas graxias a mi prmoxo q m ayudo a abrir la pag........ no olvidn comntar... voi a subir muxos q tngo dsd hac muxo tiempo y otros nuevos q voi ir actualizando zii??


FELIS AÑO NUEVO!!!!

Cerca de la Calle de Las Hilanderas,en una pequeña ciudad industrial, la casa de Lily Evans el 31 deDiciembre, se podría considerar como un antro lleno de música, baile yalcohol. La familia de la susodicha, tenía como tradición juntarse enhonor a las fechas especiales en uno de los hogares de los parientesmás cercanos. Ese año, su casa fue la seleccionada.

Al principiotodo había estado bien. Todos sus primos jugaban en el jardín traserode la casa y sus tíos tomaban dentro sin molestar a nadie, claro que,cuando la tía Marie se pasaba de copas y empezaba a bailar hits de lossesenta sobre la mesa del comedor, las cosas se complicaban un poco.

Petuniagritando como histérica por los platos de porcelana italiana que lehabía regalado a su madre para Navidad, su madre gritándole a Petuniaque se calmara que todo eso era parte de la diversión, su padreanimando a su hermana para que siguiera bailando mientras le sacabafotos y Lily riendo sin parar por las burlas de su tío Ernie hacia sumujer-por eso me enamoré de ella ¿No te parece que baila increíble, Lily? Esta mujer es maravillosa-yclaro que ninguno de sus primitos se fijaba en ese escándalo por estarjugando con la nieve y estar corriendo sobre ella al grito de mariquita el último que decía el mayor de todos-Estos niños de hoy en día ¿Qué te parece? Si de esto depende el futuro de la raza humana, que Dios nos ampare, Lily…-.

Claroque no todo en su casa era lograr una borrachera monumental, tambiénestaba la cena, los agradecimientos y los propósitos de Año Nuevo, delos cuales cuatro eran adelgazar, dos viajar a París, uno casarse,cinco ganarse la lotería y el de ella era poder soportar lasinsistencias de James Potter y no matarlo en el intento, o morir ella,en su defecto.

-Y cuéntame, Lily ¿Quién es ese tal JamesPotter?-Lily se atragantó con el ponche y miró a su tío Ernie con losojos abiertos desmesuradamente.

-Un compañero del colegio, tío Ernie.-dijo al final cuando había dejado de toser.

-Oh,Lily no seas tan humilde.-su madre se acercó a su hija y se sentó a sulado tomándole una mano-James Potter es un muchacho que está enamoradode ella.-Ernie rió por el sonrojo de la pelirroja y la miró sonriente.

-Enamorado ¿Eh? Bueno, tendremos que conocerlo algún día ¿No, Lily?

-Nolo creo, tío Ernie, James y yo no somos lo que se puede decir amigos,solo hablamos algunas veces, nada más.-Lily intentaba cambiar de tema,pero su ahora no tan querido tío Ernie insistía en preguntarle sobre elchico-¿Y cómo es el muchacho?¿Te trata bien?¿Te gusta, Lily?-enun punto de la conversación cuando Lily ya no sabía qué hacer o quéresponder, el timbre de la casa sonó y la chica dio un respingo en elasiento y se puso de pié rápidamente-yo voy.-Gracias a Dios.

Lachica se acercó a la puerta y giró la fría manilla mientras trataba derespirar bien por la prisa que había tenido al salir de la sala de sucasa. Al abrir, tal fue su impresión, que soltó la manilla y un quejidode dolor provocó que volviera a abrir. Pero es que, no todos los díaste encuentras a James Potter con la nariz roja, un gorro de lana y unabufanda en el pórtico de tu casa.

-¿Qué tal, Lily?¿Todo bien poraquí?-James se sobaba la nariz con la mano y miraba a la chica tras suslentes redondos y le sonreía abiertamente. Lily tardó varios segundosen asimilar y procesar la situación, y al hacerlo no hizo nada más quesuspirar.

-¿Qué haces aquí, Potter?-Lily vio como el pelinegro fruncía un poco el ceño y dejaba de tocarse la nariz.

-Bueno, ya sabes, pasaba por aquí y vi tu calle y me dije ¿Por qué no ir a ver cómo está? Tal vez se la comió un dragón y necesita que yo la salve, ypues aquí estoy, pero ya que no te ha comido ningún dragón¿Qué teparece si paseamos un rato?-Lily escuchó el relato con una ceja alzaday cuando James terminó no pudo reprimir una sonrisa. Potter podía serchistoso si se lo proponía.

-Lo siento, Potter, pero no lo creo.

-Vamos, Lily. Una vuelta y ya.-James miraba a la pelirroja con ojos suplicantes y hacía morritos-por favor.

-Es que mi familia está…

-Lily ¿Quién es?-la voz del tío Ernie desde el corredor la hizo saltar y provocó que le sudaran las manos.

-Espérame,voy por mi abrigo.-entre salir con James Potter y presentárselo a todala familia con tía Marie bailando sobre la mesa del comedor y todo loque eso conllevaba, prefería mil veces la primera opción. Lily corrióhacia el perchero cerca de las escaleras que llevaban a la segundaplanta de la casa y tomó su abrigo negro y un gorro antes de gritar un ¡Ya vuelvo! Y salir corriendo hacia el final del corredor y cerrar la puerta tras de ella-vamos.

Lilyempezó a bajar las escaleras hacia la acera, pero al darse cuenta deque James no la seguía, volteó y vio al chico dándole la espalda ymirando la puerta mientras hacía extraños movimientos con las manos,seguramente intentando averiguar que hizo para que Lily aceptara salircon él-¿Qué haces?

-¿Eh? Nada, nada…vamos.-James saltó losescalones restantes y tomó la mano de Lily para que le siguiera. Esanoche, los faroles iluminaban la calle de Las Hilanderas cubierta denieve y no se veían estrellas en el cielo. James miró como Lily seponía el gorro cuidadosamente mientras su nariz se ponía roja.

-¿Por qué estás aquí, Potter?¿No se supone que tienes que estar celebrando el Año Nuevo con tu familia?

-Sesupone, pero la fiesta de Año Nuevo del ministerio no me llamaba muchola atención.-James se apartó un poco el abrigo y Lily vio un elegantetraje negro con corbatín-como te darás cuenta, las fiestas de magos sangre pura nome agradan demasiado. Mis padres tuvieron que ir porque uno de misfamiliares iba a hacer público su casamiento, pero Sirius escapó conuna de las hijas del primer ministro, Christine, la Hufflepuff y medejó a mi solo aguantando las charlas de mi padre con sus amigos delcentro de aurores, ya sabes, nada del otro mundo.-James no hablaba conmucho entusiasmo y Lily vio como fruncía un poco el ceño-en fin, no haynada más que explicar.-Lily asintió con la cabeza y sonrió.

-Al menos no tienes una tía que baila sobre las mesas si se pasa con las copas de vino blanco.

-¿Tienes una tía que baila sobre las mesas?-Lily volvió a asentir y se empezó a reír-me agrada tu familia.

-Mifamilia es peculiar, de todas formas, me divierto con las cosas quehacen. Mi tío Ernie es todo un chiste cuando toma mucho alcohol.

-Lomáximo que toman en esas fiestas del ministerio, es whisky de fuego yzumo de calabaza y si alguien hace un escándalo, sale la mañanasiguiente en “El Profeta” es muy patético todo eso.-los dos chicoscaminaban sin rumbo fijo mientras hablaban. Faltaba poco para la medianoche y la madre de Lily se enojaría si no estaba en su casa antes delconteo para el nuevo año. Si es que se daba cuenta entre tanto ajetreo.

-Ven,quiero mostrarte algo.-Lily tomó la mano de James y apresuró el pasopara doblar por una esquina. Después de varios minutos cruzando calles,cambiando de veredas y doblando algunas otras esquinas, llegaron a unasescalinatas que llevaban a unas pequeñas ruinas. Lily no le habíasoltado la mano a James en todo el camino y el chico estaba un pocosonrojado. Al llegar al final de las escaleras, Lily paró y le señalóal frente con su dedo índice, y al ver, James se dio cuenta de que eraun mirador. Desde ahí, las casas se veían pequeñísimas y las luces decolores le daban al ambiente un algo acogedor. James sonrió y miró a lachica con gesto interrogante.

-¿Por qué me trajiste acá?

-Porquequería animarte un poco, se te notaba algo triste y pensé que esto tegustaría.-Lily le sonrió amigablemente y miró al frente suspirando. Elviento helado le daba en la cara y en un momento, James vio como lachica se abrazaba a sí misma para darse calor. El moreno se quitó labufanda y se la enrolló en el cuello a la pelirroja, quien lo mirósonriendo y frunciendo la nariz.

-Gracias, Lily. Necesitaba algo de compañía.

-Oh,no te preocupes, de todas formas, no me hubiera podido negar al vertecon la nariz roja y haciendo morritos frente a mi puerta-Lily serestregó las manos y se las puso frente a la boca en un vago intento deentrar en calor-si hubieras hecho eso antes, tal vez hubiera salidocontigo.

-Lo tomaré en cuenta la próxima vez.-Lily rió y James la acompañó con una sonrisa-¿Quieres irte ya?

-No,quedémonos un rato más.-la chica sonrió y se sentó en el suelo mojadopor la nieve y le indicó al moreno que hiciera lo mismo. James temblóun poco con el contacto del piso congelado y se acomodó el gorro delana.

-¿Tienes algún propósito de Año Nuevo?

-Bueno, mi propósito era aguantarte y no matarte o morir en el intento.-dijo la chica sin ningún tipo de vergüenza-¿Y tú?

-Tevas a enojar si te lo digo.-Lily negó con la cabeza y Jamessuspiró-besarte en nuestra primera cita.-la pelirroja se sonrojó y lomiró seriamente-te dije que ibas a enojarte.

-No es eso, es solo que…eso fue muy dulce, James.-el chico tragó saliva y sonrió.

-Quieroque te des cuenta de que no soy un monstruo, Lily y que en verdadquiero estar contigo, pero no te preocupes no voy a forzar las cosas,todo pasará a su debido tiempo.

-Si, claro, a su debidotiempo.-Lily asintió desanimadamente y se puso de pié mientras ayudabaal chico a hacer lo mismo, ya de pié, vio a lo lejos como algunosfuegos artificiales explotaban en el aire formando los números del año1978 en colores rojos y azules.

-¿Vamos, Lily?-dijo James unosminutos después y le tomó la mano a la chica para irse de ahí, pero laspalabras de la pelirroja lo congelaron por completo:

-¿Esto esuna cita?-Lily no le miraba, pero se mordía el labio inferior nerviosa.La Gryffindor miraba los fuegos artificiales con sumo interés y Jamesse acercó a ella.

-No lo sé, depende.-Lily lo miróinterrogante-de si tú quieres que esto sea una cita.-Lily lo pensó unmomento mordiéndose el labio y al final asintió. James abrió los ojossorprendido-¿Estás segura? Mira que no estoy exigiendo nada, yo puedoesperar, en serio, Li…

-Bésame, James, solo quiero que mebeses.-le interrumpió la pelirroja y el chico tragó saliva, asintió yse acercó a ella lentamente. Lo último que vio fue a la chica cerrandolos ojos y sonrió para sus adentros. Esa imagen de Lily con los ojoscerrados y la nariz roja la iba a guardar para siempre en su memoria.

Lospequeños labios de la pelirroja estaban fríos y suaves. Lily tenía laboca entreabierta esperando expectante. El interior de su boca eracálido, su lengua jugaba con la suya de manera especial y el contactole gustaba y provocaba que un cosquilleo agradable recorriera suinterior. Sintió como la chica posaba sus brazos en sus hombros yjugaba con su pelo entre sus delgados y finos dedos. James rodeó sucintura, y sintió como el cuerpo de la chica le proporcionaba calor alsuyo. Al separarse, vio como Lily sonreía y aún con los ojos cerradosrozaba su nariz suavemente.

-Feliz Año Nuevo, James.



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